Archivos del Sur - Escritores de la Provincia de Buenos Aires -Revista cultural argentina Archivos del Sur se edita desde Buenos Aires- Argentina- Año 21- Edición 256- agosto de 2022 -Fundada en mayo de 2002- ISSN 1575-9393- Registro de la propiedad intelectual Nro.55060538 - La revista Archivos del Sur es propiedad de Araceli I. Otamendi Directora- Editora: Araceli Otamendi .Derechos de autor reservados.
miércoles, 21 de mayo de 2014
La carta de Gardel - novela - fragmento
Hay algo inquietante en saber muchas cosas acerca de otra persona ¿no es cierto? Por eso esta noche no podrás dormir hasta, tal vez, cerca de la madrugada. ¿Qué te lleva a investigar tanto acerca de una carta? ¿Acaso no tenías para entretenerte con otros casos? ¿Y esas tres mujeres que salieron de viaje y no regresaron nunca? ¿Por qué tendrías que ayudarle a una escritora a relacionarlo? Después de todo, ¿quién podría conocer la relación de todo eso? El mismo verano, sí. Las tres son mujeres, sí. Las tres murieron durante las vacaciones en distintas circunstancias. Y fue una sola persona la que les vendió los pasajes a las tres. ¿Coincidencia? Querés estirar el tiempo para entrar en el tema, lo vas rodeando como en un círculo y a la vez escapás. En realidad lo que te importa es ella: Mary, la única y principal sospechosa, hasta ahora, de haberse robado la carta de Gardel. Recopilaste demasiada información acerca de Mary. Una simple secretaria. El único mérito de Mary hasta ahora es, según ella, haber sido leal a sus jefes, Guillermo y Alejandro, mientras duró su función y saber bailar el tango, apasionarse con esa música y ese baile. Te costó entender a esa mujer. No entendías qué le pasaba por la cabeza cada vez que te llamaba, cada vez que te enviaba un mensaje y una carta. ¿Y ahora sí? Mary bailaba el tango como Nijinsky bailaba ballet clásico. Pero Nijinsky un día salió del círculo mágico de la danza y nunca más volvió.
En cambio Mary ¿qué fue lo que la hizo escapar de los jefes, de los trabajos, del tango? ¿por qué se fue? José, el ex de Mary era el último pretexto para llamarte.
- Hay alguien... dijo. La voz inconfundible en el teléfono a las dos de la mañana.
- ¿Qué es lo que pasa, Mary?
- José, mi ex... marido, ha vuelto...
No entendías nada. Lo único que faltaba de conocer en la historia de Mary era José. ¿Y por qué una persona tendría que tener sólo un pasado reciente? Acaso como dice Borges, "el propósito de abolir el pasado ya ocurrió en el pasado y — paradójicamente— es una de las pruebas de que el pasado no se puede abolir. El pasado es indestructible; tarde o temprano vuelven todas las cosas, y una de las cosas que vuelven es el proyecto de abolir el pasado".
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jueves, 24 de abril de 2014
La carta de Gardel - novela (fragmento)
Ya en la oficina, en Buenos Aires recibí a la mañana una nueva llamada. Una nueva clienta, la había visto sólo una vez, se trataba de una escritora de novelas policiales. Quería darle más veracidad a los personajes que aparecían en la novela. Tenía un buen argumento para su novela y le dije lo que pensaba. Su planteo no me parecía demasiado extraño, me preguntaba si me parecía inverosímil o si podría haber ocurrido alguna vez.
- No lo sé - dije.
Tres mujeres que no se conocían entre sí habían salido de vacaciones ese verano para no regresar jamás. O mejor dicho, sí, regresarían, pero muertas.
La empleada de una agencia de viajes les había vendido los pasajes a las tres ¿una maldición?
- No lo sé - volví a decir.
Una de las mujeres se había caído del barco donde viajaba, un crucero. Nadie había advertido su ausencia hasta después de unas horas. Para ese entonces, la mujer había aparecido ahogada en la costa. Otra de las mujeres había muerto en la piscina de un hotel. Nadie había advertido su ausencia hasta después de unas horas. La tercera mujer había muerto en una excursión de un paraje agreste, por los tiros de cazadores furtivos. Nadie había advertido su ausencia hasta después de unas horas.
Me pareció que la escritora quería encontrar rápidamente los nexos que entretejieran la historia. ¿Cómo podía saber yo algo así? ¿Cómo podía saber si la mujer que les vendió los pasajes a esas tres mujeres les había vendido en realidad pasajes hacia la muerte? La historia era extraña, si, tal vez hubiera ocurrido y tal vez todo fuera casualidad. ¿Por qué no? ¿Acaso las casualidades existen? Ese verano, señaló la escritora, ninguna de esas tres mujeres regresó con vida. ¿Qué podría aportarle yo para su novela? pregunté.
La empleada de la agencia de viajes está siendo presa del pánico, dijo la escritora. Piensa que hubo algo malo que rondaba por ahí, las tres salieron de viaje en la misma fecha, ella les vendió los pasajes.
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viernes, 11 de abril de 2014
La carta de Gardel - novela - fragmento
(Buenos Aires)
Apuntes para la novela La carta de Gardel
¿Luchar cuando un personaje no se quiere ir? ¿terminar su historia antes que se vaya? ¡Imposible! ¿Por qué? Porque el personaje apareció sin que nadie lo llame y se irá cuando quiera. Mary llegó hasta mí sin saber casi nada de ella, apareció para que yo escribiera su vida. Se metió en la historia y quiso acaparar toda la atención. Jamás quiso contarme sus secretos, tuve que adivinarlos. Se enojó porque imaginé muchas cosas que tal vez no ocurrieron nunca. Ahora que me voy en un viaje corto, siento el olor a tierra mojada que anticipa la tormenta y la imagen de dos máscaras de teatro, la tragedia y la comedia tatuadas en el cuello de una chica sentada en el asiento de adelante, no sé por qué me recuerdan a Mary. Es la Mary que recién empieza a contarme. La que recurre una y otra vez a mí con sus historias de oficina, sus broncas, sus desilusiones, y también, por qué no, sus ilusiones. Hay muchas cosas que todavía no sé acerca de Mary, no sé cuál es su relación con la señorita Ana, por qué se odian tanto. Por qué Mary puso tanta energía en personas como Guillermo y Alejandro que, aunque sabía desde el principio que la estaban usando seguía el juego desgastante de dedicarles toda la atención. Me molesta muchas veces escribir sobre Mary y sin embargo, el personaje aparece una y otra vez, siempre tiene algo que decir, algo que no se agota con contar una historia. La tragedia y la comedia en la nuca de la mujer que viaja en el asiento de adelante, me recuerdan a Mary, tal vez, porque su vida es algo de eso, la siento algo cómica, la veo a veces reírse de sí misma, mucho y también reírse un poco de todo. Mary siempre tiene ganas de bailar un tango y mirar la foto de Gardel.
Tal vez habrá cosas que no voy a saber nunca de la vida de Mary, tendré que imaginármelas. ¿Porque quién sabe completamente todo acerca de la vida de alguien?
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miércoles, 26 de marzo de 2014
La carta de Gardel - novela (fragmento)
En un cuadro de fondo rojo hay una figura, no se sabe bien qué es. Sombras. Parecería un niño que juega ante la madre en cuclillas. En la mano sostiene un algodón de azúcar ¿rosado? Por delante, unas varas de caña o bambú torcidas forman varios óvalos que se entrecruzan. Delante del cuadro hay una lámpara redonda iluminada hecha con fibras. La lámpara es un nido blanco que alberga la luz, da una luz cálida al lugar. Afuera, las luces de la calle iluminan los vidrios de las ventanas y le otorgan un tono azul que se proyecta hacia el interior. Fue ahí donde la encontré de nuevo a Mary. De espaldas a la puerta, como si me estuviera esperando.
No había necesitado del mago propuesto por Isidro, ni siquiera, pensaba, necesitaba la magia. Había llegado a Mary a través de la tecnología. Ella me había enviado un mensaje desde algún teléfono y ya se sabe, en este mundo en que vivimos está todo codificado. El número de la llamada correspondía, según averigüé a Pueblo Alborada. ¿Qué había ido a hacer Mary ahí? Lo averiguaría pronto. Todavía me duraba la rabia de haber soportado la fiesta en el hotel de Isidro, con los chistes remanidos de Valentín, el mago. Con el pretexto de buscar algo que había olvidado, me levanté de la mesa, fuí hasta mi habitación y guardé mis cosas en el bolso. Pagué la cuenta del hotel y sin decirle nada a Isidro, me fuí. El lo entendería, lo llamaría en algún momento para decirle cómo se habían presentado las cosas.
Mary quería tener noticias, como cualquiera que se hubiera ido de su lugar de origen desde hacía mucho tiempo. Me pregunté una vez más si era ella, Mary, quién tenía la carta de Gardel. ¿Pero qué sabía verdaderamente de la vida de Mary? Únicamente lo que ella había querido contar.
- ¿Por qué vino hasta aquí? Mary
- Tenía que hacerlo, siempre pensé que en un nuevo lugar se puede empezar una nueva vida.
- Usted se escapa de alguien o de algo.
- Tal vez, respondió..
- ¿Hasta cuándo va a hacerlo?
- Me escapo, sí, pero ese alguien o ese algo, siempre me viene a buscar...
Mary era extraña, tal vez como yo o como cualquiera. No le gustaba hablar mucho de ella, como si guardara algún secreto o varios. Si ella se hubiera robado la carta de Gardel tal vez podría haberla ocultado en alguna parte. Y como en la carta robada de Poe, estaría a simple vista o tal vez al alcance de cualquiera.
A veces no podía explicarme ni unir la actual vida que llevaba Mary con su vida anterior, ajetreada y pendiente del glamour. Fue entonces cuándo le pregunté:
- ¿No extraña la ciudad, Mary, el glamour, todo ese ritmo vertiginoso con que vivía?
- No - contestó.
- ¿Por qué no lo extraña?
- Porque mi vida era eso solamente, el glamour, el ritmo vertiginoso y por la noche, ir a bailar tango. Pero el glamour no era mío sino de otros.
- Entonces era un glamour prestado...
- Sí, un glamour que se esfumaba como el vapor del baño y una vez que se iba ese vapor yo necesitaba llenar ese vacío con la música y el baile, con el tango.
Sentada frente a ella, mientras bebía el café, indagaba en los ojos de Mary, pero su mirada, toda su expresión era hermética, seguramente no quería confiarme nada más.
De tanto tratar con personas de todo tipo, podía leer en una simple mirada cuando se había terminado la comunicación, las ganas de contar, cuando alguien se replegaba sobre sí mismo y no quería hablar más.
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sábado, 15 de marzo de 2014
La carta de Gardel - novela - fragmento
Decidí bajar más tarde, cuando los comensales ya hubieran empezado y el número de Valentín, el mago, también. Las fiestas de adultos se habían convertido en fiestas de niños grandes: necesitaban un mago para entretenerse, con la conversación o la música ya no alcanzaba. ¿Qué haría yo ahí? Isidro insistió en que estuviera presente en la fiesta, Valentín, dijo, me ayudaría a resolver el enigma de la carta de Gardel. Miraba el espejo del armario: elegiría ropa casual, nada de collares de perlas, vestido largo o saco de piel, no era mi estilo. Me sentiría disfrazada. En ese pueblo a la mayoría de las mujeres les gustaba cambiarse muy seguido de ropa y de accesorios, seguramente porque se veían las mismas caras en distintas reuniones. Ya estaba terminando de vestirme cuando sonó el timbre del teléfono, un sonido monótono. La voz del recepcionista dijo que Isidro y la mujer me esperaban abajo. Me peiné, ya estaba algo maquillada. Antes de salir busqué la carta que había escrito para Claudio, la cambiaría sin decirle nada a Isidro. Pensaba que Isidro tal vez nunca le entregaría la carta, o que tal vez Claudio, jamás la iba a leer. Era una cuestión mía, pensaba, algo personal y secreto y nadie tenía por qué enterarse. Cerré la puerta de la habitación y me dirigí directamente a la de Isidro. Con la tarjeta que había conseguido abrí la puerta y entré. Sabía que él podía guardar cualquier cosa que yo le pidiera que cuidara en su mesa de luz. El perfume de su nueva mujer me causó repugnancia, era demasiado fuerte, una esencia muy concentrada y dulce. En la mesa de luz de Isidro había un juego de llaves, algo de dinero, anteojos de sol y un sobre blanco cerrado. Ojalá sea mi carta, pensaba. Reconocí mi letra y reemplacé la carta por la nueva. El juego de destruir la imagen del otro, el juego de borrar toda huella, aunque fuera buena y verdadera había empezado hacía ya tiempo. ¿Se enteraría Claudio alguna vez? Las alfombras mullidas del hotel amortiguaban mis pasos rápidos. Al bajar por la escalera escuchaba el murmullo de las personas reunidas en el comedor. Por el tono y volumen de sus voces mezcladas se notaba que ya estaban comiendo y bebiendo seguramente algunos vinos o algunas otras bebidas. Antes de ir al comedor me detuve algunos instantes para observar a un huésped recién llegado: era un hombre de pelo canoso, casi plateado prolijamente atado hacia atrás, tenía anteojos oscuros y la piel bronceada. Su imagen me recordó a la del diseñador Karl Lagerfeld. Me acerqué para mirarlo mejor. El hombre con guantes de cuero que hacían juego con la campera entregó las llaves de un auto al recepcionista. Había llegado con dos valijas. Isidro se esforzaba últimamente por darle al hotel un perfil internacional y este personaje no parecía de una ciudad cercana. Tal vez el auto sería alquilado.
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imagen tomada en el Museo Casa de Carlos Gardel
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martes, 4 de marzo de 2014
José Antonio Wilde
(Buenos Aires)
Se recordará en marzo el Bicentenario del Doctor José Antonio Wilde (Buenos Aires 6-4-1814- Quilmes 14-1-1885). "... José Antonio Wilde era médico como su sobrino Eduardo, el autor de Aguas abajo. Se doctoró en 1858 y como profesional gozó siempre de un gran renombre tanto por su dedicación cuanto por su saber y don de humanidad que le hicieron bendecir con frecuencia en el rancho de los pobladores humildes. También en el campo de la educación dio pruebas de no comunes méritos, distinguiéndose entre los maestros de su época como profesor e inspector de escuelas; en 1881 se le nombró vocal del primer Consejo Nacional de Educación, del cual era presidente Domingo Faustino Sarmiento.
Cuando se graduó se instaló en el pueblo de Quilmes, donde fue miembro de la municipalidad. Allí fundó, en 1873, el primer periódico que se publicó en la zona: El Progreso de Quilmes.
En 1884 sucedió a don Manuel Ricardo Trelles en la dirección de la Biblioteca Nacional y, cuando mayor era su entusiasmo y tomaba acertadas providencias para emprender las tareas de reorganización general, murió en forma repentina. Había sido, durante una actuación de más de treinta años, el médico y el ciudadano benefactor de Quilmes, donde falleció el 14 de enero de 1885...."-. (1)
(1) José Antonio Wilde, Buenos Aires desde setenta años atrás (1810-1880), Editorial Universitaria de Buenos Aires (1960).
Para conmemorar el Bicentenario del nacimiento del doctor José Antonio Wilde, se realizarán varios actos:
BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL
DR. JOSÉ ANTONIO WILDE
(Bs. As. 6/4/1814 – Quilmes 14/1/1885)
LA COMISIÓN HOMENAJE
INVITA A LA APERTURA DEL MES ANIVERSARIO
CONFERENCIA A CARGO DEL PROF. CHALO AGNELLI
Biógrafo del Dr. Wilde (con apoyo visual)
Conducción Cristina Oller
jueves 6 de marzo, 2014 - 19:30 a 20:30 hs
CASA DE LA CULTURA Rivadavia y Sarmiento
BIBLIOTECA POPULAR PEDRO GOYENA
AGRUPACIÓN LOS QUILMEROS
BLOG “EL QUILMERO”: http://elquilmero.blogspot.com/
4224-8162 – 4253-2116 bibliotecapopularpedrogoyena@yahoo.com.ar
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
PRÓXIMOS ACTOS
* VIERNES 14 DE MARZO - 9:30 ACTO ANIVERSARIO –
ESC. Nº 10 “DR. JOSÉ ANTONIO WILDE” - HUMBERTO PRIMO 867. Dirigirán la palabra, la directora señora Laura Vega y el Prof. Agnelli, como biógrafo, en nombre de la Biblioteca Popular Pedro Goyena y la Agrupación Los Quilmeros y la Prof. María Mercedes Di Benedetto en nombre de los descendientes. Luego la artista plástica María Rizzo hará donación al establecimiento de un retrato del Dr. Wilde.
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jueves, 27 de febrero de 2014
La carta de Gardel - novela - fragmento
Entrar en un lugar lleno de cosas en desuso, significantes sin significado, en definitiva cosas muertas, nada más había que hacerlo. ¿Era necesario? Antes de decidirme recibí un correo electrónico de Mary. Decía que estaba bien, no quería volver al menos por un tiempo. Era la primera vez que había conocido a alguien que no la estaba usando, al menos eso creía - o tal vez fantaseaba - , sí, porque, se lamentaba, todas personas que había conocido en su vida la habían usado. Hizo una lista, que ahora no tiene sentido enumerar. No incluía todo el abecedario pero se acercaba. Eso me parecía exagerado. ¿Y ese alguien, quién era? Según decía un hombre petiso, gordito y calvo muy simpático y que no tenía nada que ver con los mundos que ella conocía. ¿Arriesgado? No sabía qué pensar. ¿Y si fuera cierto? aunque hubiera algo de cierto... Como fantasía estaba bien, al menos no le recordaba ni a Guillermo ni a Alejandro, ni siquiera a Julio. Esto era algo reciente, estaba dispuesta a seguir adelante. No daba más detalles.
Le contesté en pocas palabras, le dije que me mantuviera al tanto de todo, que seguía buscando la carta de Gardel. Estaba en un pueblo y volvería en un día o dos más a Buenos Aires. Ahí podíamos hablar personalmente, si ella quería. Me contestó con otro correo. Me pidió que fuera a su casa, la casa de la que ella se había ido hacía mucho tiempo y a la que no quería volver. Me pidió que le buscara algunas cosas, algunos recuerdos y cuando nos viéramos, se los entregara.
No me gustaba la idea de ir a una casa deshabitada, era como visitar un cementerio en verano a la hora de la siesta. La sola idea de hacerlo me producía una sensación rara, de extrañeza y desasosiego a la vez. ¿Por qué me había metido en este caso? Empecé a caminar, a dar vueltas por el pueblo, a detenerme frente a casas que parecían dormir, con las ventanas y las puertas cerradas. Estaba casi segura que la carta de Gardel había sido un tema de discusión entre Mary y la señorita Ana. Y alguien tiene que ganar la partida. Pero Mary se había ido, lo había dejado todo ¿y por qué no, también, la carta de Gardel? Tenía que tener coraje para entrar ahí, a revolver papeles y fotografías, objetos cubiertos de polvo, a encontrarme con huellas de seres que no estaban más. Me detuve debajo de un árbol y respiré profundamente. ¿Y si lo que decía Mary fuera cierto? Por primera vez en su vida había encontrado a alguien que no la estaba usando.
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