Archivos del Sur - Escritores de la Provincia de Buenos Aires -Revista cultural argentina Archivos del Sur se edita desde Buenos Aires- Argentina- Año 21- Edición 256- agosto de 2022 -Fundada en mayo de 2002- ISSN 1575-9393- Registro de la propiedad intelectual Nro.55060538 - La revista Archivos del Sur es propiedad de Araceli I. Otamendi Directora- Editora: Araceli Otamendi .Derechos de autor reservados.
jueves, 17 de julio de 2014
La carta de Gardel - novela (fragmento)
Adela se mantiene al tanto de las noticias leyendo los diarios que llegan al hotel. Quisiera escucharlo a Gardel en Buenos Aires, una ciudad que parece soñada por alguien, piensa, grande, llena de luces, acorde a sus sueños. Por ahora se quedará en ese hotel, en ese pueblo cerca del campo. Mientras el sol se oculta, escuchará con nostalgia el canto de los pájaros. El destino, pensaba, si no lo tengo, me lo voy a inventar. Después de todo ¿no es el destino el que me trajo hasta aquí? Me voy a Buenos Aires en cualquier momento. Pero la realidad no lo permite todavía. La realidad, tan chata, como estas casas, como este pueblo, como mi vida, murmura. Hay que disimular muy bien los sueños, no vaya a ser que alguien escuche, los intuya, los anule. Adela tiene nostalgia de Buenos Aires, ciudad a la que visitó alguna vez. Le pareció imponente, desmesurada, le fascinó. Demasiado cansada de las mismas cosas de siempre, sueña con alguna casa que vio en una calle elegante de la ciudad, con un traje de seda, distinto a los vestidos que usa todos los días, con reuniones, con todo lo que no tiene y sólo existe en sus sueños y en su imaginación. Le molesta el ruido que hacen sus hermanos más chicos en la casa. Hermanos que ha debido cuidar desde niña, hacen alboroto, juegan. Los ladridos de los perros en el jardín atentan contra el recuerdo mágico de la voz de Gardel. Está molesta y lo hace notar.
Adela no es conformista, como tampoco lo era Gardel. Revolucionario en su arte, el cantante acierta en intentar su carrera de artista internacional. Si hubiera podido hubiera ido a la universidad, para ser alguien, tal vez, para salir de las cuatro paredes de cada habitación, para no quedarse encerrada en una rutina, para saber, no sólo lo que dicen las noticias.
Adela todavía no sabe que está de nuevo embarazada, otra vez. Sueña con la voz de un hombre, de un cantante con voz de tenor que parece un pájaro, un zorzal, llamado Carlos Gardel.
Ese parece ser un año de suerte. Con Razzano debutan durante los días del verano en el Club Pueyrredón de Mar del Plata. En julio, para el centenario de la Independencia, visitan Buenos Aires los escritores españoles Eduardo Marquina y José Ortega y Munilla, con su hijo José Ortega y Gasset. El dúo Gardel-Razzano actúa en el agasajo oficial.
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miércoles, 2 de julio de 2014
La carta de Gardel - novela (fragmento)
Tal vez me unía a todo esto el espanto, como dijo Borges. Porque el amor, seguramente no. En mi podía darse el amor a mi profesión, la de detective, el amor a lo que hacía, pero no más. No tenía tiempo ni ganas para ocuparme de otra cosa que no fuera la investigación de los casos que me llegaban. Lo de la carta de Gardel, el robo o el ocultamiento de la carta que alguna vez estuvo en poder de la señorita Ana, se había convertido en una obsesión y también, por añadidura, en la investigación de la principal sospechosa del caso: Mary. Una mujer sola, aparentemente sola, llena de conflictos, buscados o no, pero que me los traía, como un oleaje a la playa. ¿Qué tenía que ver yo con la vida de ella? y además ¿qué era lo que podía importarme? El colmo de la investigación era que seguía después de muerta la señorita Ana. Porque la señorita Ana había muerto dejándome un legado y también dinero para seguir trabajando en el caso. Dos mujeres tan pueblerinas como Mary y la señorita Ana habían hecho que yo también, volviera a andar por los pueblos de provincia, como alguna vez lo había hecho. Buscaba la carta, sí, pero a esta altura, ya no sabía dónde buscar.
Ahora Mary me escribía un correo electrónico contándome acerca de José, su ex marido. José que parecía haberse oscurecido en el olvido volvía a la luz y con ello, seguramente, algún problema más. Mary era una pueblerina que se creía sofisticada. Tal vez, alguna sofisticación tenía, la que le había otorgado la gran ciudad. Alguna vez se rió cuando le comenté acerca de las novelas de Raymond Chandler, cuando se me acababan los argumentos para decirle algo. A los personajes de novela negra de Chandler les gustaba la gran ciudad para ocultar sus vidas, para que las habladurías del pueblo no llegaran a los oídos de nadie. A los hombres de las novelas de Chandler no les gustaba tener una mujer esperándolos en el porche de la casa, con la comida preparada a las cinco de la tarde y el perro esperándolo en el umbral. Más bien les gustaba tener una rubia platinada, con minifalda y una copa de champagne en la mano, esperándolos en algún bar, después del trabajo. Eran novelas, literatura, eso era cierto. Pero no cabe duda que las novelas negras eran entretenidas y debían sorprender a los lectores sacándolos de la rutina. Mary, en su trabajo de secretaria de hombres sofisticados, había conocido ese mundo. Tal vez por eso se había vuelto al pueblo. Cansada de los artificios, de las apariencias, del gran teatro donde cada persona tenía un mundo oculto detrás. Y ahora José, su ex marido, después de tantos años había vuelto, con una caja llena de recuerdos, con una experiencia de vida que ella desconocía. Y también con un enigma que no sabía si tenía ganas de descifrar. ¿Porque qué ocultaba José? ¿en qué mujeres había pensado durante todos esos años de alejamiento? ¿qué expectativas tenía? ¿cómo se atrevía a preguntarle por su vida actual?
¿alguna vez había estado sola? ¿alguna vez la habían visto sola o acompañada por alguien que no estuviera a tono con ella? ¿alguien que no fuera buen mozo, atractivo o inteligente? ¿alguien que no llamara la atención de otras mujeres? ¿a José le importaba todo esto? ¿por qué? Una linda cajita de recuerdos y preguntas, me traía Mary. José tal vez supiera algo de Mary y de la carta, que yo no había alcanzado a averiguar. Y como tantas personas que tuve que interrogar, seguramente tendría que hablar con él.
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lunes, 23 de junio de 2014
La carta de Gardel -novela (fragmento)
No podía dormir y me levanté. Encendí la notebook, conecté el wi fi, la luz de la pantalla brillaba en la noche. Tenía el presentimiento, la sensación de que algún mensaje enviado por alguien me estaba esperando. Tardé apenas unos segundos en comprobar que mi intuición no me fallaba ¿había fallado alguna vez? Era un correo de Mary:
"José es el único hombre del que nunca desconfié. Tal vez por eso se fue tanto tiempo y volvió veinte años después. Pero él no mintió, no tenía por qué hacerlo. No me dijo mentiras, no me engañó. Y ahora se presenta con una caja, llena de recuerdos míos: fotografías, cartas, objetos personales, pequeñas chucherías, un aro sin par, un espejito, un peine, una estampita, una medalla. Me asombró que apareciera así, de improviso, que me trajera parte de mi pasado en esa caja. ¿Cómo obtuvo todas esas cosas sin que yo supiera nada? José me lo dijo de frente: la señorita Ana lo había llamado una vez, hace mucho tiempo, para entregarle todo eso. Como si yo me hubiera muerto ¿entiende? Ella fue capaz de entrar en mi casa, cuando yo me fui y de sacar cosas de ahí y guardarlas, como si fueran pruebas. ¿De qué? Lo llamó a José, no sé cuándo ni cómo lo encontró y le entregó todo eso y ahora José, mi ex marido me lo entrega a mi. Me quedé muda, mirando los objetos de la caja como capas de tiempo, capas de tiempo superpuestas, como si un aro o una estampita, o una fotografía hubieran salido de algún tiempo lejano. El pasado es así, me dijo José. La vida es como el mar, cuando la ola se va, aparecen algunas cosas en la arena...
Lo escuchaba. Casi no le pregunté nada, pero sabía que José había vuelto por algo, y que él de alguna manera tenía alguna ventaja: él sabía mucho más de mí ahora que yo de él. En la caja había una fotografía, era de Gardel ¿cuánto tiempo hacía que esa foto estaba ahí?
- ¿Seguís bailando tango? - preguntó
- A veces - respondí
A José no le había gustado nunca bailar, era aventurero, soñador, no le gustaba atarse a nada, ni siquiera a la rutina del baile.
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lunes, 9 de junio de 2014
La carta de Gardel - novela (fragmento)
¿Sería posible ahora saber algo más de la vida de Mary? Ahora que la señorita Ana ya no era más mi clienta, porque la señorita Ana estaba muerta. Había tenido un accidente doméstico. Se había caído desde la escalera, acomodando algunas cosas. La señorita Ana siempre buscaba cosas viejas, vivía ordenando. Sin embargo, mi trabajo no se había terminado. La señorita Ana había dejado instrucciones por escrito y fue Pablo, su sobrino, quien me las entregó la otra mañana. Era una especie de legado, a cada uno de sus conocidos, le dejaba algo encomendado. La señorita Ana me encomendaba seguir buscando la carta de Gardel, aunque ella estuviera muerta. En caso de encontrarla, debería hacerla pública. Pablo, aseguraba no entender por qué su tía se empecinaba tanto con esa carta. Y también dejaba dinero. Un dinero que debería usarse exclusivamente para continuar la búsqueda. La señorita Ana legaba todos sus bienes a Pablo, y para algunos de sus conocidos, había escrito una carta. La mía estaba en un sobre cerrado. En el exterior del sobre, había escrito mi nombre. Después de recibir el llamado de Pablo, tuve que viajar nuevamente al pueblo y encontrarme con él. La carta de la señorita Ana era breve. La leí en su casa, delante del sobrino, quien me miraba atento:
"No deje de buscar la carta de Gardel, es algo importante, muy importante. Sé que puede parecerle extraño que se lo encomiende después que me haya muerto. Pero es un legado de mis ancestros. No puedo permitir que cualquier mujer se quede con ella. La carta de Gardel, cuando la encuentre, deberá hacerla pública. Dejo dinero específicamente para que continúe con su trabajo".
En realidad era un trabajo muy extraño: la búsqueda de algo que ya pertenecía al pasado, al pasado de una mujer que estaba muerta. Una carta que había pertenecido a alguien más, que tampoco vivía.
Pensaba en lo que podría decir Mary cuando se enterara. Pensaba durante el viaje que hacía mientras iba a encontrarme con ella. Mary, una vez más.
Estaba escribiendo en un bar cuando la encontré. Nos habíamos citado ahí. Parecía ensimismada en la escritura, cerca de una ventana. Me acerqué despacio y antes de llegar a la mesa, levantó la mirada del papel donde escribía y me miró.
- ¿Tenía que decirme algo?
- Sí, vine para eso...
- Yo también tengo que decirle algo...
- La señorita Ana, mi clienta, murió.
Mary me miraba, como si ya conociera la historia, tal vez sí lo sabía. Se quedó callada mientras le relaté lo que me había contado Pablo, el sobrino de la señorita Ana. Después frunció el ceño y me miró:
- Seguramente todos los papeles que guardaba la señorita Ana estarán en su poder...
- Todavía no, sé que ella guardaba muchas cosas.
- Sí, Ana era una acaparadora de cosas ajenas, de historias ajenas, se metía donde no le importaba. Pero a ella sí, todo parecía importarle. Debería haber leído Historia antigua, haberse interesado por la Historia y no por las historias de los demás...
- Ya es tarde ¿no le parece? para decir eso, para pensarlo...
Mary se quedó callada. Parecía haber construido un muro invisible, de silencio entre ella y yo. Mientras pedía un café al mozo, ella se puso a mirar por la ventana del bar. Era un bar viejo, reciclado, luminoso, revestido en madera y con cuadros de fotografías. ¿Qué historias ocultas tendría Mary? ¿Y si ella tuviera de verdad la carta de Gardel?
El mozo trajo dos cafés. Como siempre, lo tomé sin azúcar. Mary le puso a su café medio sobre de edulcorante. Entonces Mary volvió a hablar:
- Tenía que hablar con usted pero por otro motivo.
Miré a Mary, parecía preocupada, o tal vez quisiera demostrarme que estaba preocupada por algo más que una carta.
- Hablar conmigo ¿sobre qué cosa?
- José, mi ex marido, apareció después de muchos años.
- ¿Qué fue lo que pasó?
- Nos habíamos peleado. Un día José se fue de viaje y no volvió. Se fue durante más de veinte años. Y el otro día, apareció.
Ahora entendía por qué Mary tenía esa cara.
- ¿Le guarda rencor?
- No, rencor no. Es algo distinto, extrañeza, no sé.
- Entiendo...
- No, usted no puede entenderme...
En realidad desconocía esa historia, no sabía nada del ex marido de Mary, ni de su vida anterior, que ella me había contado. Pero ella parecía otra persona ahora, tenía una nueva actitud. Parecía querer callarse más que contar.
- ¿Y cuál es el problema, Mary?
- José es otra persona ahora, y yo soy otra ¿le parece poco?
No tenía respuesta, por ahora. No conocía a José, no tenía la menor idea de quién podía ser. Sólo sabía que podía ser algo así como Wakefield, el personaje de Nataniel Hawthorne, ese hombre que se fue de la casa con el pretexto de un viaje y no volvió sino hasta muchos años después, pero mientras vivía en una casa cercana sin que nadie lo supiera. Era inverosímil pero podía ocurrir ¿por qué no? El autodesterrado Wakefield y José tenían algo en común.
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miércoles, 21 de mayo de 2014
La carta de Gardel - novela - fragmento
Hay algo inquietante en saber muchas cosas acerca de otra persona ¿no es cierto? Por eso esta noche no podrás dormir hasta, tal vez, cerca de la madrugada. ¿Qué te lleva a investigar tanto acerca de una carta? ¿Acaso no tenías para entretenerte con otros casos? ¿Y esas tres mujeres que salieron de viaje y no regresaron nunca? ¿Por qué tendrías que ayudarle a una escritora a relacionarlo? Después de todo, ¿quién podría conocer la relación de todo eso? El mismo verano, sí. Las tres son mujeres, sí. Las tres murieron durante las vacaciones en distintas circunstancias. Y fue una sola persona la que les vendió los pasajes a las tres. ¿Coincidencia? Querés estirar el tiempo para entrar en el tema, lo vas rodeando como en un círculo y a la vez escapás. En realidad lo que te importa es ella: Mary, la única y principal sospechosa, hasta ahora, de haberse robado la carta de Gardel. Recopilaste demasiada información acerca de Mary. Una simple secretaria. El único mérito de Mary hasta ahora es, según ella, haber sido leal a sus jefes, Guillermo y Alejandro, mientras duró su función y saber bailar el tango, apasionarse con esa música y ese baile. Te costó entender a esa mujer. No entendías qué le pasaba por la cabeza cada vez que te llamaba, cada vez que te enviaba un mensaje y una carta. ¿Y ahora sí? Mary bailaba el tango como Nijinsky bailaba ballet clásico. Pero Nijinsky un día salió del círculo mágico de la danza y nunca más volvió.
En cambio Mary ¿qué fue lo que la hizo escapar de los jefes, de los trabajos, del tango? ¿por qué se fue? José, el ex de Mary era el último pretexto para llamarte.
- Hay alguien... dijo. La voz inconfundible en el teléfono a las dos de la mañana.
- ¿Qué es lo que pasa, Mary?
- José, mi ex... marido, ha vuelto...
No entendías nada. Lo único que faltaba de conocer en la historia de Mary era José. ¿Y por qué una persona tendría que tener sólo un pasado reciente? Acaso como dice Borges, "el propósito de abolir el pasado ya ocurrió en el pasado y — paradójicamente— es una de las pruebas de que el pasado no se puede abolir. El pasado es indestructible; tarde o temprano vuelven todas las cosas, y una de las cosas que vuelven es el proyecto de abolir el pasado".
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jueves, 24 de abril de 2014
La carta de Gardel - novela (fragmento)
Ya en la oficina, en Buenos Aires recibí a la mañana una nueva llamada. Una nueva clienta, la había visto sólo una vez, se trataba de una escritora de novelas policiales. Quería darle más veracidad a los personajes que aparecían en la novela. Tenía un buen argumento para su novela y le dije lo que pensaba. Su planteo no me parecía demasiado extraño, me preguntaba si me parecía inverosímil o si podría haber ocurrido alguna vez.
- No lo sé - dije.
Tres mujeres que no se conocían entre sí habían salido de vacaciones ese verano para no regresar jamás. O mejor dicho, sí, regresarían, pero muertas.
La empleada de una agencia de viajes les había vendido los pasajes a las tres ¿una maldición?
- No lo sé - volví a decir.
Una de las mujeres se había caído del barco donde viajaba, un crucero. Nadie había advertido su ausencia hasta después de unas horas. Para ese entonces, la mujer había aparecido ahogada en la costa. Otra de las mujeres había muerto en la piscina de un hotel. Nadie había advertido su ausencia hasta después de unas horas. La tercera mujer había muerto en una excursión de un paraje agreste, por los tiros de cazadores furtivos. Nadie había advertido su ausencia hasta después de unas horas.
Me pareció que la escritora quería encontrar rápidamente los nexos que entretejieran la historia. ¿Cómo podía saber yo algo así? ¿Cómo podía saber si la mujer que les vendió los pasajes a esas tres mujeres les había vendido en realidad pasajes hacia la muerte? La historia era extraña, si, tal vez hubiera ocurrido y tal vez todo fuera casualidad. ¿Por qué no? ¿Acaso las casualidades existen? Ese verano, señaló la escritora, ninguna de esas tres mujeres regresó con vida. ¿Qué podría aportarle yo para su novela? pregunté.
La empleada de la agencia de viajes está siendo presa del pánico, dijo la escritora. Piensa que hubo algo malo que rondaba por ahí, las tres salieron de viaje en la misma fecha, ella les vendió los pasajes.
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viernes, 11 de abril de 2014
La carta de Gardel - novela - fragmento
(Buenos Aires)
Apuntes para la novela La carta de Gardel
¿Luchar cuando un personaje no se quiere ir? ¿terminar su historia antes que se vaya? ¡Imposible! ¿Por qué? Porque el personaje apareció sin que nadie lo llame y se irá cuando quiera. Mary llegó hasta mí sin saber casi nada de ella, apareció para que yo escribiera su vida. Se metió en la historia y quiso acaparar toda la atención. Jamás quiso contarme sus secretos, tuve que adivinarlos. Se enojó porque imaginé muchas cosas que tal vez no ocurrieron nunca. Ahora que me voy en un viaje corto, siento el olor a tierra mojada que anticipa la tormenta y la imagen de dos máscaras de teatro, la tragedia y la comedia tatuadas en el cuello de una chica sentada en el asiento de adelante, no sé por qué me recuerdan a Mary. Es la Mary que recién empieza a contarme. La que recurre una y otra vez a mí con sus historias de oficina, sus broncas, sus desilusiones, y también, por qué no, sus ilusiones. Hay muchas cosas que todavía no sé acerca de Mary, no sé cuál es su relación con la señorita Ana, por qué se odian tanto. Por qué Mary puso tanta energía en personas como Guillermo y Alejandro que, aunque sabía desde el principio que la estaban usando seguía el juego desgastante de dedicarles toda la atención. Me molesta muchas veces escribir sobre Mary y sin embargo, el personaje aparece una y otra vez, siempre tiene algo que decir, algo que no se agota con contar una historia. La tragedia y la comedia en la nuca de la mujer que viaja en el asiento de adelante, me recuerdan a Mary, tal vez, porque su vida es algo de eso, la siento algo cómica, la veo a veces reírse de sí misma, mucho y también reírse un poco de todo. Mary siempre tiene ganas de bailar un tango y mirar la foto de Gardel.
Tal vez habrá cosas que no voy a saber nunca de la vida de Mary, tendré que imaginármelas. ¿Porque quién sabe completamente todo acerca de la vida de alguien?
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