miércoles, 18 de agosto de 2010

Juan Domingo Perón

PERÓN, JUAN DOMINGO (1895 – 1974)


Nació en Lobos, Provincia de Buenos Aires.

Militar y político. Entró en el Colegio Militar a los 16 años y realizó un progreso incomparable en los rangos militares. Sirvió en Italia durante los últimos años de la década de 1930 como observador militar. Tuvo mucho interés en la historia y en la filosofía política y publicó diversos trabajos sobre esos tópicos. En 1943 se unió a un complot militar que derrocó al gobierno. El régimen militar que subió al poder tuvo mucha influencia de Perón, quien solicitó un puesto menor como Secretario de Trabajo y Bienestar Social. En 1945 se convirtió en Vice Presidente y Ministro de Guerra. Poco a poco fue ganando más respeto y notoriedad, sobre todo por el apoyo que obtuvo de los trabajadores no privilegiados y por su popularidad y autoridad en el ejército. A principios de Octubre de 1945 fue sacado de su puesto por un levantamiento civil y militar. Pero la presión de los trabajadores hizo que fuera liberado el 17 de Octubre. Fue elegido Presidente en 1946 con el 56 por ciento de los votos. Perón puso a la Argentina en un curso de industrialización e intervención de la economía, calculada para proveer mejores beneficios sociales para la clase obrera. También adoptó una fuerte política anti-imperialista, predicando las virtudes de la llamada Tercera Posición, entre el comunismo y el capitalismo. Si bien no revolucionó estructuralmente a la Argentina, transformó a la Nación, benefició a los trabajadores, nacionalizó los trenes y financió grandes obras públicas. Reelegido en 1951, Perón modificó algunas de sus políticas. Pero fue depuesto y enviado a Paraguay en 1955, luego de un levantamiento de la armada y el ejército. Perón finalmente se instaló en Madrid. Perón volvió a la Argentina por un corto tiempo en 1972 y definitivamente en 1973. En octubre fue elegido Presidente por tercera vez, pero falleció antes de terminar su mandato, el 1 de julio de 1974. Perón fue el fundador del movimiento político de mayor influencia en la vida argentina y autor de numerosas obras en las que volcó sus ideas políticas, económicas, sociales y culturales; entre ellas, Conducción política, La comunidad organizada, La hora de los pueblos, El proyecto nacional,  Latinoamérica: ahora o nunca, etc.

Bibliografía:
Pilía, Guillermo, Diccionario de Escritores bonaerenses (coloniales y siglo XIX). La Plata, Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, 2010

Bibliografía sobre Juan Domingo Perón:

Joseph Page, Perón, una biografía, Editorial Grijalbo




fotografía: Los muchachos peronistas - (c) Sara Facio

Muestra de fotografías: Los funerales del General Perón - Sara Facio

Extracto de la nota publicada en la Revista Archivos del Sur en ocasión de la inauguración de la muestra "Los funerales del General Perón" realizada en la Fundación Klemm, en el marco del Festival de la luz:
La muestra integrada por diez fotos que Sara Facio tomó durante los funerales delPresidente Perón “es un conjunto de imágenes atípicas sobre el acontecimiento y sin lugar a dudas, un punto cumbre en la producción de la artista” según palabras deRodrigo Alonso, curador de la exposición quién además dice:
...“A pesar de su evidente protagonismo, la figura de Perón está prácticamente ausente. No obstante, su presencia palpita en los gestos de la gente, en sus rostros atravesados por la pena, en las referencias indirectas, en las atmósferas cargadas que el blanco y negro de las fotografías capta en todos sus matices y contrastes. Esta vacilación entre presencia y ausencia compromete al espectador, lo involucra de una manera especial, lo invita a hurgar en huellas y expresiones, en datos mínimos y muchas veces paradójicos (por ejemplo, en un receptor de radio, cuyo sonido obviamente no escuchamos,  que refuerza simbólicamente el sentido de la ausencia”...



“En 1974, la agencia de noticias para la que trabajaba solicita a Sara Facio que realice un conjunto de imágenes sobre los funerales de Juan Domingo Perón. La fotógrafa, ajena al movimiento peronista, queda sin embargo profundamente sensibilizada por el impacto que la muerte del presidente ha causado en la gente, y decide realizar una pequeña serie de fotografías personales que retraten el evento”...

...“En lugar de centrarse en la multitud, Sara Facio decide ubicarse en la escala individual. En lugar de plasmar la totalidad, la artista opta por la fragmentación”...

Haciendo un recorrido por las fotos se podrán advertir en los rostros el desconcierto, el dolor y una interrogación general frente al porvenir. Una muestra para hacer una lectura del complejo y conflictivo pasado argentino.




(c) Archivos del Sur

lunes, 16 de agosto de 2010

Blanco nocturno - Ricardo Piglia



Blanco nocturno
Ricardo Piglia
Editorial Anagrama

(Buenos Aires)

Blanco nocturno, la nueva novela de Ricardo Piglia transcurre en un pueblo de la Provincia de Buenos Aires.
Es una novela policial y los hechos ocurren 1972,  un año antes de  la vuelta de Perón a la Argentina.
Tony Durán, un forastero nacido en Puerto Rico y educado como un norteamericano en New Jersey recala en el pueblo de provincia. El motivo aparente de la llegada del extranjero al pueblo es su relación con Ada y Sofía Belladona, dos hermanas gemelas, hijas de una de las principales familias del lugar. Las había conocido en Atlantic City y habían vivido un feliz trío sexual y sentimental hasta que Sofía los abandonó y volvió al pueblo. Sin embargo, Tony Durán continuó su relación con Ada y la siguió a la Argentina, donde encontró la muerte.
Tony Durán es una especie de dandy de piel oscura  que atrae las miradas de todo el pueblo. Anthony Durán, su verdadero nombre, se aloja en un hotel del pueblo y se hace amigo de Yoshio Dazai, un conserje japonés, ya que le gusta vivir de noche. Yoshio se transforma en la principal fuente de información de Tony Durán al que le cuenta la historia de la gente del pueblo y la verdadera historia de la fábrica abandonada de los Belladona. Un día las hermanas Belladona le hacen llegar una invitación para visitar la casa familiar al forastero. Es así como el padre de las Belladona y Durán se conocen.
En un clima opresivo, donde todos se conocen y todos saben las historias de todos, transcurre esta novela donde el comisario Croce y su ayudante, Saldías, investigan el crimen cuando Durán aparece muerto en el hotel.
Croce, el comisario del pueblo es un investigador suspicaz, tiene un aire a Auguste Dupin, o yendo más lejos, al “rastreador” – personaje precursor del detective que aparece en Facundo de Domingo Faustino Sarmiento -. Pero Croce  se interna en el hospicio de locos sin dejar de estar al corriente de los hechos.
La primera parte de la novela está narrada con mucho humor. La segunda parte se centra en la historia de la fábrica que ha construido en medio del campo Luca Belladona persiguiendo con obstinación un proyecto demencial.
La fábrica de Luca es motivo de peleas familiares y de intereses que se ligan a su vez con el crimen de Durán.
Luego aparece Emilio Renzi, un personaje de otros libros de Ricardo Piglia, como un enviado especial de un diario de Buenos Aires para cubrir las noticias originadas en el pueblo.
 Aparecen trampas y negociados, hay un verdadero y un falso culpable del asesinato de Durán.
Como en todo pueblo chico, la vida está más al desnudo, las pasiones y las intrigas, también.
Blanco nocturno es una novela que cautiva al lector.

jueves, 12 de agosto de 2010

Orígenes del teatro argentino: Juan Moreira, piedra fundamental

           José A. Podestá en su caracterización del personaje "Juan Moreira" (fotografía del Instituto Nacional de Estudios de Teatro)




Orígenes del teatro argentino

 Juan Moreira: Piedra fundamental del teatro argentino


Existe una total coincidencia en considerar a la pantomima gauchesca Juan Moreira como la piedra fundamental de nuestro teatro, también denominado rioplatense, por cuanto colaboraron en su desarrollo artistas de ambas márgenes del Plata.
El mencionado drama criollo, en dos actos, dividido en doce cuadros, fue compuesto por José Podestá, de acuerdo con un folletín de Eduardo Gutiérrez.

El Juan Moreira, de Gutiérrez, - transformado por su autor en una pantomima -, fue representado por una compañía circense norteamericana, en el Teatro Politeama de Buenos Aires, el 2 de julio de 1884.
Para desempeñar el papel protagónico fue contratado el payaso, acróbata, guitarrero y jinete uruguayo José (Pepe) Podestá. Era conocido en nuestro medio bajo el apodo de Pepino el 88, debido a que en su traje de payaso exhibía un parche con lunares que parecían dos ochos.
Con el correr del tiempo, el mencionado Podestá mejoró los diálogos de la novela y completó el argumento con nuevas escenas y personajes y también con danzas y música adecuada.
En esta forma, la pantomima convertida en drama, se estrenó en el pueblo bonaerense de Chivilcoy – año 1886 – en la pista y el tablado del circo Podestá-Scotti.
Los improvisados actores y actrices circenses obtuvieron con la obra, un gran éxito, que luego repitieron en Buenos Aires. En el año 1901, los hermanos Podestá contaron  con una sala estable: el teatro Apolo.

Juan Moreira gustó mucho al público, por cuanto su espíritu satisfacía el sentir de nuestro medio, al encarnar al héroe romántico, modelo de la hidalguía criolla, siempre dispuesto a defender a los humildes y castigar a los osados.
En esta forma surgió el teatro nacional, con actores criollos que sólo interpretaban el repertorio rioplatense sobre temas populares.
Otra obra de importancia que llevó a escena costumbres de nuestras pampas, fue Calandria, del escritor entrerriano Martiniano Leguizamón – estrenada en 1896 – y en cuyo argumento el gaucho bravío es reemplazado por el paisano trabajador.
Le siguió otro éxito, La piedra del escándalo, de Martín Coronado, drama romántico que pasó las quinientas representaciones.
Un político y hombre de mundo que escribió para la escena argentina casi por diversión fue Gregorio de Laferrére, cuya primera obra titulada Jettatore, le valió un triunfo inmediato (1904); sin embargo, su mejor realización se titula Las de Barranco.
Florencio Sánchez – nacido en Montevideo – introdujo en nuestro teatro los caracteres, el ambiente y los problemas de la sociedad rural rioplatense, no exentos de ternura. Su primer gran éxito fue M´hijo el dotor y su máxima creación la tituló Barranca abajo, tragedia en que es víctima un desdichado paisano.
Puede afirmarse que a partir del año 1905, el teatro nacional comenzó a lograr el apoyo unánime del público, debido a los méritos de autores e intérpretes. Entre los destacados y actrices de esa primera época se pueden mencionar a Roberto Casaux, Enrique Muiño, Angélica Pagano, Blanca Podestá.
En el año 1910 se lo puede ubicar en un grado de madurez, aunque este perfeccionamiento se debilitó en su calidad intrínseca por el interés comercial, es decir, en lograr éxitos de “taquilla” con sólo contentar algunos aspectos no cultos del gusto popular.
A partir del año 1935, el teatro se perjudicó con los progresos del cine nacional, actividad que también acaparó a destacadas figuras de la escena argentina.

Bibliografía: José Cosmelli Ibáñez, Historia de la cultura argentina, Editorial Troquel 

domingo, 8 de agosto de 2010

Eduardo Gutiérrez

Eduardo Gutiérrez (1851- 1889)

Nació en Buenos Aires. Escritor y novelista, era sobrino de Bartolomé Hidalgo, hermano del poeta y médico Ricardo Gutiérrez y cuñado de Estanislao del Campo.

Fue autor de muchos libros pero el más famoso fue sin duda “Juan Moreira”, el gaucho, personaje real, que inmortalizó Eduardo Gutiérrez con este folletín que después fue representado por los hermanos Podestá y que sentaría las bases del teatro nacional.
Entre sus más conocidos títulos figuran: Cipriano Cielo; Los Hermanos Barrientos; El Tigre del Quequén; Hormiga Negra; Santos Vega; El Matrero; La Muerte de Buenos Aires; Juan Cuello; Pastor Luna; El Rastreador, etc.
Llegó a hacerse tan popular la teatralización de la obra de Gutiérrez, que algunas autoridades de época la prohibieron porque era ejemplo "peligroso eso de andar matando milicos en los circos". Si bien por su año de nacimiento Gutiérrez cabría entre los intelectuales de la generación del '80, no lo fue por su orientación y estilo. El permaneció fiel a los gauchos, lo que le valió, tal vez ser "un proscripto de una razonable gloria, siquiera menor", como dijo León Benaros.

Eduardo Gutiérrez comenzó en el periodismo en 1866 con una columna que firmaba con el seudónimo de Benigno Pinchuleta, en La Nación Argentina, de tendencia mitrista, dirigido por su hermano José María.

Según Leopoldo Lugones, Eduardo Gutiérrez era “el único novelista nato que haya producido el país, si bien malogrado por nuestra eterna dilapidación de talento”; Jorge Luis Borges, aunque prefería a Hormiga Negra a Juan Moreira (a quien consideraba un lujoso personaje de Byron que dispensa con pareja solemnidad la muerte y la lágrima”) no dejaba de reconocer la enorme facilidad y destreza de Eduardo Gutiérrez para el relato.




Juan Moreira – Fragmento:

“Juan Moreira es uno de esos seres que pisan el teatro de la vida con el destino de la celebridad; es de aquellos hombres que cualquiera que sea la senda social por donde el destino encamine sus pisadas, vienen a la vida poderosamente tallados en bronce.
Moreira no ha sido el gaucho cobarde encenegado en el crimen, con el sentido moral completamente pervertido.
No ha sido el gaucho asesino que se complace en dar una puñalada y que goza de una manera inmensa viendo saltar la entraña ajena desgarrada por su puñal.
No; Moreira era como la generalidad de nuestros gauchos: dotado de una alma fuerte y de un corazón generoso, pero que lanzado en las sendas nobles, por ejemplo, al frente de un regimiento de caballería, hubiera sido una gloria patria, y que empujado a la pendiente del crimen, no reconoció límites a sus instintos      salvajes despertados por el odio y la saña con que se le persiguió.
Moreira sabía que peleando defendía su vida amenazada de muerte, y peleaba de una manera frenética, y haciendo lujo de un valor casi sobrehumano.
Moreira tenía los sentimientos tiernos e hidalgos que acompañan siempre al hombre realmente bravo…”.


el libro Juan Moreira se puede encontrar en la Biblioteca Cervantes Virtual:


Juan Moreira fue filmada por el director argentino Leonardo Favio y estrenada en el año 1973:


ver video:




(c) Araceli Otamendi - Archivos del Sur

Bibliografía: Pilía, Guillermo, Diccionario de Escritores bonaerenses (coloniales y siglo XIX). La Plata, Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, 2010

Eduardo Gutiérrez, Juan Moreira, Editorial Longseller, Prólogo de Marcos Mayer




domingo, 18 de julio de 2010

Ricardo Güiraldes



Ricardo Güiraldes

Ricardo Güiraldes nació en Buenos Aires en 1886 y muere en Francia en 1927. Sus restos fueron trasladados ese mismo año a la Argentina donde fueron recibidos por el Presidente de la República, Marcelo T. de Alvear. Una comitiva de escritores y paisanos  del pago, acompaña por última vez a Ricado Güiraldes en el trayecto final hacia el cementerio de San Antonio de Areco. En las cercanías de la tumba de Güiraldes será enterrado, años después, Don Segundo Ramírez, el personaje que inspiró la figura central de Don Segundo Sombra. (3)
Su obra está compenetrada del espíritu de la Provincia de Buenos Aires(1)  y en especial de San Antonio de Areco. (2)
Fue novelista, cuentista y poeta. Su obra más notable es Don Segundo Sombra (1926), un clásico seguro de las letras argentinas. Al respecto, dice Ivonne Bordelois, biógrafa de Ricardo Güiraldes: “…Puede argüirse con razón, que en su movimiento mismo la obra de Güiraldes representa, en definitiva, una dirección pasatista, un afincamiento en el pasado antes que un arrojo hacia adelante. Lo que importa, con todo, es señalar que la nostalgia de Güiraldes no encubre resentimiento, sino grandeza de ánimo; no es reivindicación de valores prescriptos, sino propuesta de aquello que ha de salvarse de la usura de los días y sus mudanzas en el patrimonio de los hombres.

El estoicismo de Don Segundo Sombra no es un lujo desdeñable que sirva de coartada o salvoconducto a explotadores o explotados: es, ante todo, la respuesta cierta al desafío cierto de una naturaleza hecha de distancia  demoledora. Es una templanza nuestra y necesaria; es la sobriedad de nuestro coraje, la medida de nuestra fuerza, el encauzamiento de la violencia ancestral que nos acecha. Güiraldes no alcanza estas verdades sino a través de un duro debate consigo mismo, de un denodado nadar contra la corriente de sus propias y engañosas venturas…”. (3)

Sobre Don Segundo Sombra escribió Leopoldo Lugones en La Nación: “Paisaje y hombre ilumínanse en él a grandes pinceladas de esperanza y fuerza. Qué generosidad de tierra la que engendra esa vid, qué seguridad de triunfo en la gran marcha hacia la felicidad y la belleza. Y qué éxito tan justo el del artista que ha sabido evocarlo”. (3)

La novela Don Segundo Sombra termina con la frase: “Me fui, como quien se desangra”.

¡Qué frase única en la literatura argentina!

“En 1926, Ricardo Güiraldes había recorrido con sus viajes las grandes ciudades del mundo y en todas partes había encontrado un cuadro similar: el de la era industrial. Güiraldes con su obra proponía al lector recuperar su identidad perdida y logró que el folklorismo trascendiera sus límites locales. Creó un lenguaje universal y el gaucho y la pampa se sumaron al bagaje literario de todos los pueblos. Su obra culminó con Don Segundo Sombra (1926) cuya historia se basa en el Kim de R. Kipling, con metáforas procedentes del vanguardismo francés de principios de siglo. En esta obra el cosmopolismo literario y el arraigo al país se funden en una de las producciones más características de la moderna literatura latinoamericana..”. (1)


Ricardo Güiraldes pasó en Europa su primera infancia aprendiendo a hablar francés, alemán, y por último castellano. En 1890 Manuel Güiraldes, Dolores Goñi (sus padres) y sus tres hijos regresan a  la Argentina donde Ricardo Güiraldes pasará sus años en La Porteña, la estancia de Manuel Güiraldes – bautizada con el nombre de la primera locomotora argentina.
En 1897 llegó Rubén Darío como cónsul de Colombia en Buenos Aires. En 1893 Ivonne Bordelois destaca como año del apogeo del modernismo contra el cual reaccionarían, años después los grupos literarios animados por Güiraldes. Darío publicó en Buenos Aires Los raros y Prosas profanas (1896).

En 1915 se publica El cencerro de cristal y Cuentos de muerte y de sangre impresos en los talleres de José Tragant. Las audacias del cencerro escandalizan al público, que olvida el segundo libro de Güiraldes, donde ya se anuncia el estilo de Don Segundo.

“… Propósito de los cuentos: “Quisiera que mi prosa fuera extractada, breve, fuerte: lo que más me gusta en la mano es su capacidad de convertirse en puño”. Un “coherente y múltiple fracaso” saluda la aparición de ambos libros. Güiraldes, desalentado, los arroja a un pozo de La Porteña. Adelina consigue rescatar algunos ejemplares. …”.(3)

Ricardo Güiraldes introdujo el tango en París (4) junto con Alberto López Buchardo en 1912. (3).
- Le enseñó el tango a la Princesa Murat”. Pasa una temporada viajando por Italia, Grecia, Constantinopla, Egipto, la India, China, Japón, Rusia, Alemania. De vuelta en París se instala temporariamente en el taller de Alberto Lagos. Regresa después a Buenos Aires y lee a Jules Laforgue, que influirá en su libro El cencerro de cristal.
El 20 de octubre de 1913 se casa en la Iglesia Nuestra Señora del Socorro con Adelina del Carril.

En 1923 publicó su novela Xamaica, que había terminado en París en noviembre de 1919. En el mismo libro se anuncia Don Segundo Sombra y los Poemas solitarios.

Ese mismo año, Olivero Girondo promueve el “frente único”: todos los escritores y artistas unidos por un mismo deseo de renovación deben olvidar sus desavenencias particulares para luchar contra el enemigo común: el “pompierismo”. Preparación de Martín Fierro: en febrero de 1924 aparece Martín Fierro (segunda época) tribuna del “frente único”. donde Güiraldes colabora desde mayo. Allí Güiraldes conoce a Borges y se pone en contacto con los jóvenes escritores argentinos.

En 1925 Güiraldes colabora en Proa, Martín Fierro y en Valoraciones (La Plata).

Roberto Arlt fue su secretario. Citado en la biografía de Güiraldes de Ivonne Bordelois:
“En el rostro alargado, moreno, bajo la frente “retobada como en encontronazos de espacio” que evocaba Roberto Arlt, lo primero son los ojos”.  Lo que respiro de pampa fluye en tranquilo empaque de mis ojos, diría el mismo Güiraldes en su Libro bravo.

“La adversidad de Güiraldes- sea dicho esto sin afán de paradoja – parece haber consistido en el cúmulo de facilidades que lo asediaron desde su infancia. Hijo de casa antigua y acaudalada, nada le fue negado de aquello que concierne a la esperanza y a la envidia del común de los mortales. Las fotografías han sido fieles a su innegable hermosura varonil…”. (3).

(c) Araceli Otamendi - Archivos del Sur

Bibliografía:

      Ricardo Güiraldes, Don Segundo Sombra, Editorial Losada, S.A. Buenos Aires     (decimonovena edición), 1939

(1)    Pilía, Guillermo, Diccionario de Escritores bonaerenses (coloniales y siglo XIX). La Plata, Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, 2010

(2)   ciudad de la Provincia de Buenos Aires.

(3)   Ivonne Bordelois, Genio y figura de Ricardo Güiraldes, Editorial Eudeba, 1998

      (4) Entrevista inédita de Araceli Otamendi  a Ivonne Bordelois para una investigación sobre el tango (2004).

sábado, 10 de julio de 2010

El último lector *- Ricardo Piglia


(Buenos Aires)

El crítico estadounidense Harold Bloom dice que no hay ética de la lectura. "Hasta tanto haya purgado su ignorancia primordial, la mente no debería salir de casa; las excursiones prematuras al activismo tienen su encanto, pero consumen tiempo, y nunca habrá tiempo suficiente para leer..." sostiene.
Y también afirma: "No hay por qué temer que la libertad del desarrollo como lector sea egoísta porque, si uno llega a ser un verdadero lector, la respuesta a su labor lo ratificará como iluminación de los otros...". El crítico reflexiona acerca de las cartas de desconocidos que ha recibido durante años y que a menudo trasuntan un ansia de estudios literarios canónicos que las universidades desdeñan satisfacer y cita a Emerson quien dijo que la sociedad no puede prescindir de hombres y mujeres cultivados y agregó: "El hogar del escritor no es la universidad sino el pueblo". Emerson se refería a los escritores fuertes, a los hombres y mujeres representativos; a los representantes de sí mismos, y no a los parlamentarios, pues la política de Emerson es la del espíritu. .
Bloom toma de Emerson su cuarto principio de lectura: "Para leer bien hay que ser un inventor". Emerson decía que "Todos deben estar comprendidos en la confianza en sí mismo" y el crítico norteamericano afirma que la confianza en sí mismo no es una donación ni un atributo , sino el Segundo Nacimiento de la mente, y no sobreviene sin años de lectura. Con frecuencia leemos, aunque no siempre sabiéndolo, en busca de una mente más original que la nuestra, dice Bloom.
En el caso del libro "El último lector" del escritor argentino Ricardo Piglia, publicado recientemente por la editorial Anagrama, según palabras del autor, el libro no intenta ser exhaustivo ni reconstruye todas las escenas de lectura posibles, sigue más bien una serie privada, es un recorrido arbitrario por algunos modos de leer que están en su recuerdo, dice. Ricardo Piglia además de escritor es profesor, actualmente de literatura latinoamericana en Princeton Univesrsity donde ocupa la cátedra Walter S. Carpenter.
Hay escritores que no son muy lectores e incluso se jactan de no leer y escribir solamente. Éste no es el caso de Piglia quien además de gran lector es autor de libros de ficción como "La ciudad ausente", "Respiración artificial", "Plata Quemada", Nombre Falso, y los textos "Crítica y ficción", "Formas breves".
El libro consta de varios capítulos. En el primero, Piglia se pregunta ¿qué es un lector? Borges aparece entonces en una descripción de una conocida fotografía donde intenta descifrar las letras de un libro pegado a la cara. Ésta podría ser la primera imagen del último lector, dice Piglia, el que ha pasado la vida leyendo , el que ha quemado sus ojos en la luz de la lámpara. Quizá la mayor enseñanza de Borges sea la certeza de que la ficción no depende sólo de quién la construye sino también de quien la lee. La ficción dice, es también una posición del intérprete.
Para Borges la poesía es el encuentro del lector con el libro, el descubrimiento del libro. Cuando el gran escritor argentino era profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires, trataba de prescindir en lo posible de la historia de la literatura. "¿Por qué no estudian directamente los textos? Si estos textos les agradan, bien; y si no les agrada, déjenlos, ya que la idea de la lectura obligatoria es una idea absurda: tanto valdría hablar de felicidad obligatoria. Creo que la poesía es algo que se siente, y si ustedes no sienten la poesía, si no tienen sentimiento de belleza, si un relato no los lleva al deseo de saber qué ocurrió después, el autor no ha escrito para ustedes...". También Borges decía: "... he enseñado a mis estudiantes a que quieran la literatura, a que vean en la literatura una forma de felicidad...".
En otro tramo del libro Piglia presenta a Hamlet, quien entra a escena con un libro en la mano y se pregunta si el personaje de Shakespeare está leyendo o finge que lee. Lo que importa, dice Piglia es el acto mismo de leer, la función que tiene en la tragedia. Hamlet porque es un lector, es un héroe de la conciencia moderna.
Otro ejemplo que presenta el autor es Kakfa. En 1912, Kafka escribe casi trescientas cartas. Kafka convierte a Felice Bauer en una lectora en sentido puro. Felice es casi una desconocida, un personaje en muchos sentidos inventado por las mismas cartas.
Y hay una conclusión en esto: la correspondencia es la gran intriga de la relación sentimental entre Kafka y Felice, pero hay aquí una variante: se da a leer no sólo para seducir sino también para mantener a distancia.
Hay otros ejemplos de lectores: el detective privado del género policial, como en el caso de Dupin que es un gran lector y la figura misma del gran razonador. Y también en la novela, El largo adiós, quién su autor, Chandler, hará de Philip Marlowe un heredero desplazado de Auguste Dupin.
Un cuento de Cortázar, La continuidad de los parques, presenta también a un lector, quien lee ficción y esa ficción se entremezcla con lo real.
También Ernesto Guevara ha sido lector y Piglia lo presenta en varios momentos donde Guevara lee. Hay una foto extraordinaria, dice Piglia, en la que Guevara está en Bolivia, subido a un árbol, leyendo, en medio de la desolación y la experiencia terrible de la guerrilla perseguida. Se sube a un árbol para aislarse un poco y está ahí, leyendo. La lectura persiste como un resto del pasado en medio de la acción. Algunos en sus testimonios describen al Che como un lector infatigable que a diferencia de los demás, abría un libro cuando hacían un alto.
Piglia presenta también a Anna Karenina, el personaje de Tolstoi quien aparece en uno de los capítulos leyendo una novela inglesa en un tren. La Eterna de Macedonio y Madame Bobary de Flaubert y Molly bloom son mujeres que complejizan la figura del lector moderno.
La lectura en un tren es también citada por Walter Benjamin, para quien la lectura de viaje está tan ligada a viajar en tren como lo está a la permanencia en las estaciones.
No falta Roberto Arlt, quien en su novela "Los 7 locos" hace decir a uno de los personajes, Ergueta: "Rajá, turrito, rajá.¿Te pensás que porque leo la Biblia soy un otario?". Como relación inversa, Piglia presenta el cuento de Borges como metáfora de la recepción popular como creencia supersticiosa e ingenua, El evangelio según San Marcos, cuando durante una inundación en unos campos de la provincia de Buenos Aires, aislado por el agua, un inglés lee la Biblia a unos peones analfabetos de la estancia y ellos creen al pie de la letra en la historia que escuchan y terminan por crucificarlo.
El autor presenta además el caso de Robinson Crusoe y Viernes, a quien Robinson leía las Escrituras y le explicaba a Viernes lo mejor que sabía, cuál era el significado de esas lecturas.
Un lector , afirma Piglia, sería entonces el que encuentra el sentido en un libro y preserva un resto de la tradición en un espacio donde impera otra serie - el terror, la locura, el canibalismo - y otro modo de leer los signos - .
Al principio del libro, Piglia presenta a un personaje, un hombre que en el barrio de Flores esconde la réplica de la ciudad en la que trabaja desde hace años. El hombre, quien es fotógrafo ha construido una ciudad y cree que la ciudad real depende de su réplica, cada tanto reconstruye los barrios del sur que la crecida del río arrasa y hunde cada vez que llega el otoño.
El narrador relaciona a esta obra privada y clandestina con ciertas tradiciones de la literatura del Río de la Plata y da los ejemplos de Onetti y de Felisberto Hernández donde la tensión entre objeto real y objeto imaginario no existe, todo es real.
Yo relaciono esta metáfora de la ciudad en otras dimensiones réplica de la ciudad real, con el libro de Ítalo Calvino, "Las ciudades invisibles" donde cada ciudad, inventada tiene nombre de mujer. El que cuenta historias sobre ciudades imaginarias es Marco Polo y su público venerable, Kublai Kan. Cada historia es un cuento. Las ciudades de Marco Polo no han existido nunca. Kublai Kan, viejo y cansado del poder, encuentra en las visionarias ciudades de Marco Polo, una pauta que perdurará cuando su propio imperio sea polvo. Calvino invoca nostalgia por las ilusiones perdidas, amores que no llegaron a ser del todo, felicidad apenas probada.
Uno de los principios narrativos de Marco Polo es: la falsedad no está nunca en las palabras, está en las cosas.
El Kublai objeta entonces que las ciudades las describirá él y Marco Polo viajará para comprobar si existen. Marco niega la ciudad arquetípica del Kublai y cambio propone un modelo hecho de excepciones, exclusiones, incongruencias y contradicciones.
La verdadera historia es el debate presente entre el visionario Marco y el escéptico Kublai. Los viajes por las ciudades siguen y el Kublai le ordena a Marco que interrumpa los viajes y entable con él una interminable partida de ajedrez. El movimiento de las piezas será el relato de las ciudades invisibles.
En el diálogo final entre Kublai y Marco se asiste a un diálogo donde Kublai dice:
"- Todo es inútil si el último fondeadero no puede ser la ciudad infernal, y donde, allí en el fondo, en una espiral cada vez más cerrada, nos sorbe la corriente.
- El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure y dejarle espacio.".
Harold Bloom, quien comenta el libro de Calvino, encuentra en ese libro la justificación de cómo leer bien y por qué: ser vigilantes, percibir y reconocer las posiblidades del bien, ayudarlo a que dure, darle espacio en la propia vida.
El último lector, es en definitiva un viaje del autor por la literatura, una mirada aguda sobre algunas lecturas posibles y no agotadas de textos y personajes universales.

(c) Araceli Otamendi

Bibliografía:
Jorge Luis Borges, Siete noches, Fondo de Cultura Económica
Harold Bloom, Cómo leer y por qué, Grupo Editorial Norma
Italo Calvino, Las ciudades invisibles, El Mundo, Unidad Editorial



*reseña publicada originalmente en la revista Archivos del Sur

Almafuerte





(Buenos Aires)

Almafuerte, seudónimo de Pedro Bonifacio Palacios –  conocido por el seudónimo de Almafuerte – (San Justo, 1854- La Plata, 1917).

Su primer amor fue la pintura. Pidió una beca para viajar a Europa que le fue negada y entonces se dedicó a la escritura y a la enseñanza. (1)
Dentro de la tradición literaria de la Provincia de Buenos Aires, Almafuerte es uno de los más notables poetas. La vida de Almafuerte fue una lucha constante. Durante la Presidencia de Domingo F. Sarmiento ejerció la docencia pero fue destituido de su cargo. Según diferentes versiones, la destitución fue originada por no tener el título para ejercer la docencia, y otra versión cuenta que lo apartaron por el contenido de sus poemas en contra del gobierno. (1)
En 1887 se radicó en La Plata, actuando en el diario Buenos Aires. En 1890 pasó a la Capital Federal, de donde regresó a la ciudad platense para dirigir el diario El Pueblo. Su labor periodística, aunque circunstancial, fue intensa y batalladora, insuflando su entusiasmo a la juventud que participó en los acontecimientos revolucionarios del 90.

También fue bibliotecario y traductor de la Dirección General de Estadísticas de la provincia de Buenos Aires.
“…Palacios representaba para gran parte de los intelectuales de habla española un caso extraordinario de elocución poética (si no todavía un poeta revelador o un gran poeta), la literatura argentina se había desentendido definitivamente de la tradición literaria de la península y había ingresado, con el aporte de los gauchescos, los románticos y los modernistas, en una nueva etapa, imitativa aun, pero orientada hacia el mismo corazón del país…”.


“…La nacionalización de la literatura, parte del empeñoso programa  madre de la “Joven Generación Argentina” de 1838, iba a lograrse al fin sobre las bases de una sutil visión de lo ciudadano y lo campesino. Almafuerte, en más de una oportunidad, accedería a esa tradición y haría notar la necesidad de hacer literatura con elementos argentinos, pero estaba destinado a fundar, por su cuenta, una nueva tradición poética, emancipada por completo de la tradición gauchesca o ciudadana, como asimismo del modernismo afrancesado de Darío y del primer Lugones. Lo “nacional”, arbitrariamente supeditado al “color local” de la novela o del poema, iba a ser expresado por Almafuerte desde un ángulo muy distinto.

Como Fray Mocho, Roberto J. Payró, Miguel Cané, Lucio V. Mansilla, Rafael Obligado, Martel, Evaristo Carriego y otros, trabajó muchas veces con los materiales vivos, contemporáneos, circundantes de la realidad idiomática; pero no se desprendió de ellos, objetivándolos: se convirtió en una realidad. A Pedro Bonifacio Palacios, como profeta, sociólogo, moralista y poeta…”.




“…Los que van a Almafuerte con una curiosidad estética, se verán defraudados. Pero Almafuerte nunca tuvo una intención “artística” al escribir. Lo consideraba una desviación. Él opuso a esa poesía objetiva o falsamente subjetiva una intención moralizadora, un humanismo poético. En poesía, los límites y las formas han desaparecido. Por sobre su apariencia, ahora prevalece su esencia, la palabra mensajera, jubilosa o terrible, del alma.

Por no ser un artista del verso, Almafuerte es más que un poeta. El poeta artífice – herencia renacentista – está dominado por la tiranía de la forma; el poeta- profeta prescinde de todo lo que no sea la expresión directa y vibrante de su profecía. Nunca se hizo Almafuerte un problema riguroso en materia verbal, en ese trabajo que crea, a veces, una zona aislada entre el autor y el lector. Aunque sabemos que meditaba mucho sus poemas, su concepto del arte de hacer versos es claro:


       Para mí las palabras siempre son bellas,
      Y siempre de cualquiera se saca fruto,

      La más vil, la más vana de todas ellas

     Contiene la presencia de lo Absoluto…"



En las obras completas de Almafuerte hay poesías, relatos  y discursos. Y dentro de las poesías los famosos “Siete sonetos medicinales”, de los que se trascribe uno a continuación:



¡Vera violetta!


En pos de su nivel se lanza el río
Por el gran desnivel de los breñales;
El aire es vendaval, y hay vendavales
Por la ley del no-fin, del no-vacío; 

La más hermosa espiga del estío
No sueña con el pan en los trigales;
El más noble panal de los panales
No declaró jamás: Yo no soy mío. 

Y el sol, el padre sol, el raudo foco
Que fomenta la vida en la Natura,
Por fecundar los polos no se apura,
Ni se desvía un ápice tampoco... 

¡Todo lo alcanzarás, solemne loco,
Siempre que lo permita tu estatura! 


En el Museo que lleva su nombre, en La Plata se encuentran sus obras y manuscritos (1).

Bibliografía:

Almafuerte, Obras completas, Editorial Claridad, 2007

(1)Pilía, Guillermo. Diccionario de escritores bonaerenses (coloniales  y siglo XIX). La Plata, Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, 2010.