lunes, 6 de agosto de 2012

La carta de Gardel - novela (fragmento)



Si hubiera sido un libro posmoderno, el autor tal vez escribiría acerca de la escritura misma, cómo lo iba a componer, tal vez...Pero no se trataba de eso, simplemente el personaje se había escapado.
¿Cómo? nadie sabía. Se había escapado, no estaba en ninguna parte....Llegué como siempre a desayunar al bar de enfrente: café, tostadas, jugo de naranja. Ahí encendí el celular, había un mensaje de texto: renuncié al trabajo, me voy, no se sorprenda, Mary. Eran las 11 de la mañana, me había acostado tarde y el mensaje había sido enviado a las 10 y 10 minutos. ¿Y ahora? Tomé el café sin azúcar y llamé por teléfono a la empresa donde trabajaba Mary, ahí una voz monocorde de recepcionista femenina me informó que Mary no trabajaba más ahí. Todo era muy raro. ¿Dónde estaría? La principal sospechosa de haberse llevado la carta de Gardel se había ido de un dia para otro del lugar donde pasaba la mayor parte del día. Le contesté el mensaje de texto: " Mary ¿dónde está?"  Pensé que tal vez me iba a dejar una nota, una carta, algo más explicándome la decisión. Sabía que estaba cansada de trabajar ahí en la empresa, que no quería tener otro jefe como Alejandro y menos como Guillermo. Alejandro se había ido al Uruguay a inaugurar la nueva filial de la empresa, tenía nueva mujer también, lo había abandonado todo. Y tal vez Mary no quería ser menos. Si hubiera sido el personaje de alguna otra novela, Mary tal vez quisiera vivir otra vida, tal vez más divertida, y no siempre la misma rutina. Ya estaba algo acostumbrada a la serendipidad, a encontrar cosas cuando buscaba otras, y la ausencia de Mary ahora me ocasionaba un blanco, un vacío en la investigación. ¿Qué pretexto tendría ahora con la señorita Ana para decirle que tendría que buscar otra pista, la punta de otro ovillo? Eso implicaba más dinero para gastos y seguir investigando.
Mary se me había escapado y tal vez, si hubiera sido un personaje de ficción habitaría ahora en alguna otra novela, en algún cuento, quién sabe...

(c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados